Domingo tarde
Qué hago
mirando la lluvia
si no llueve
Karmelo Iribarren
El frío pinta de blanco el césped cada mañana. Pequeñas gotas de rocío que cada madrugada vuelven a crecer en la hierba, al congelarla, adornándola con pequeños cristales que dibujan formas geométricas perfectas.
Alguien sin prejuicios podría pensar que lo ha diseñado un ordenador: tan perfecto, tan geométrico, tan previsible, tan matemático…tan reiterado.
Agosto. Valencia - 12 grados.
Tercer año de la descompensación. Así lo llaman los expertos. Aún no han sido capaces de explicar por qué vivimos en un invierno eterno, por qué el sol no nos calienta. Hablan de la inclinación del eje de la tierra, de la modificación provocada por el estallido de la bomba nuclear en Ucrania, de la reversión del efecto invernadero o de la capa de contaminación en la atmósfera que impide la correcta entrada de los rayos solares. Si no conocemos el porqué difícilmente podremos ponerle remedio.
La mayoría de las viviendas no disponen de gas, ya que la demanda mundial encareció los precios y para mantener las viviendas calientes hace falta ingentes cantidades de dinero. Algo similar ha pasado con la electricidad: el elevado consumo produjo un incremento desmesurado de los precios por la ley de la oferta y la demanda y la falta de energía solar agravó la situación. Ahora utilizamos velas recicladas para iluminar y hemos readaptado nuestra vida, especialmente el sueño, a los ciclos solares.
Afortunadamente, tenemos una subvención europea para el agua caliente. Por eso hemos vuelto a las bolsas de agua de nuestras abuelas, a instalar chimeneas en las casas para calentarnos y cocinar y a salir a buscar leña al monte.
Los gobiernos utilizan frases como: “nadie podía preverlo”, “estamos adaptando nuestras políticas a la nueva realidad”, “el reto de la descompensación nos hará más fuertes”…mientras tanto, cada mañana salgo a golpear las tuberías para evitar que se congelen. Uno acaba acostumbrándose a otras rutinas: me desplazo en bicicleta y cargo el móvil con la dinamo. Llevo varias capas de ropa y protejo especialmente mis orejas, manos y pies. Y reconozco que nos abrazamos más y dormirnos más juntos; ahora somos casi como una manada, y yo como líder debo garantizar la supervivencia.
Las religiones están dirigiendo a sus fieles con una explicación de esta inaguantable situación en forma de plaga bíblica o justificándolo como castigo por no haber cumplido la sharia. Al final pretenden que nos sintamos culpables y pecadores para que sigamos intentando reconducir nuestras vidas por sus intrincados caminos de salvación.
Ahora hay una nueva teoría que irrumpió por las redes sociales. El mundo, como lo conocemos, es una realidad virtual, una especie de metaverso avanzado en el que nos movemos creyéndonos independientes, pero todo pertenece al mismo juego, todo está bajo el mismo algoritmo. Y está cambiando, como cuando juegas y al avanzar en las pantallas se va complicando cada vez más. Vamos subiendo niveles de complejidad en nuestras vidas. El virus, el ataque nuclear, el frío intenso…son solo handicaps, nuevas dificultades del programa. Ya están especulando sobre la siguiente dificultad y muchos creen que será el diluvio total.
El diluvio total podría provocar grandes inundaciones en todas las ciudades, pero las que están cerca del mar podrían ser devastadas y las que están cerca de cauces de ríos, anegadas.
También están los extraterrestres, las consecuencias de las modificaciones en la gravedad, el incendio global, los terremotos continuos o la guerra bacteriológica.
Yo he decidido dejar de mirar la lluvia los domingos y trabajo en un metaverso con las distintas hipótesis para que la gente vaya aprendiendo a gestionar las futuras crisis.
Familias enteras vendrán a mi nueva Crisislandia a vivir en primera persona las próximas catástrofes mundiales. Los niños aprenderán a gestionar la dificultad antes de tener que enfrentarse a ella en la vida real. Formaremos a los futuros líderes mundiales. He recreado los distintos escenarios y sus consecuencias en mis programas y la realidad inmersiva permitirá adelantarse a las nuevas situaciones, haciendo más sencilla la adaptación real.
También tendrán opción de apostar por la que crean que será la siguiente hecatombe y si piensan que será o no apocalíptica. Parece que va ganando el diluvio, pero nunca se sabe…los zombis se pagan 7 a 1. ¡¡Hay mucho dinero a ganar, amigos!!
Ah, y aceptamos criptomonedas y, por supuesto, cesión de bonos de calefacción.
Y nuestro eslogan:
Cuida a tu manada enseñándoles a protegerse
Les esperamos!!
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