_Mamá, te quiero dar las gracias por haberme enseñado a tener miedo a las caídas.
_Hija, cómo no. Es importante anticipar los obstáculos. Recuerda que el mundo está lleno de superficies resbaladizas, de objetos cortantes, de esquinas puntiagudas y temperaturas indeseables. Es mejor protegerse.
_Sí, mamá. Cuánta razón tienes. Me pondré un abrigo grueso en invierno y braguitas de algodón en verano. Llevaré siempre pañuelos en el bolso y caminaré mirando por dónde voy.
_Así debe ser. Que ya sabemos que te puedes estampar sin caerte. Patinar sin caerte. Romperte los huesos sin rompértelos. Destrozarte tus propias uñas. Encontrar la comodidad en posturas dañinas. Atragantarte comiéndote una pipa. Y aún poniéndote vaselina se te terminarán agrietando los labios.
_Es verdad. Y hacen falta ungüentos e infusiones para mantenernos a flote. Claro, mamá. Y siempre con condón.
_Y el agua, mineral.
_Y el bronceado, con mesura.
_Y el alcohol, a pequeños sorbos.
_Y las zanahorias para el guisado quedan mejor si utilizas el pelador de verduras. Cuánta razón tienes.
_Pero mamá ahora quiere que te lances, que no te caigas pero que ya no tengas miedo a caerte. Has crecido y debes ser valiente.
_Vale, pero por si acaso, para que no me absorba la oscuridad, seguiré dejando encendida una luz tenue en mi mesita de noche.
_Hija, dobla la curva, tú puedes.
_Y comprobaré cada mañana que no haya nadie escondido detrás de mi cortina de la ducha a punto de atacarme.
_Venga, avanza, eres fuerte.
_Y cuando me persiga la culpabilidad caminaré kilómetros para dejarla atrás. Me meteré en la cama sin cenar. Me rascaré la misma zona de la piel durante demasiado rato.
_Sigue, sé que llegarás lejos.
_ Venga, voy a lanzarme, me dejo caer. Nunca creí que me atrevería. No sabía que tenía estas alitas pequeñas pero suficientes ni que mis músculos se pudieran estirar tanto. Es emocionante volar, soy libre de mis temores, nada podrá superar la satisfacción de haberlo conseguido.
Pam, plof, crack.
_Mami, ya no soy una, soy un montón de pedazos, de jugos y de entrañas. Por favor, no me mires con esa cara de contrariedad.
_ Hija, si es que ya te lo dije. No te preocupes, mamá va a recoger tus fragmentos.
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