lunes, 21 de marzo de 2022

Llegada

Respira profundamente, ya no hay marcha atrás, tu madre saldrá de un momento a otro por esa puerta y dejará de ser un personaje, un personaje que forma parte de esa vida que has contado y contado, y que con cada relato ha mutado y se ha transformado en un ser nuevo, pero tu sabes que tu madre, la real, sigue igual.

Recuerda Amanda que ya no tienes 6 años, que eres una adulta, que eres madre, y que tu hija está aquí, sosteniendo unos globos y un cartel para recibir a su abuelita y tu prioridad es protegerla, del personaje y del original, porque son uno y acaba de llegar.


Corazón, allí está la abuelita- le dices a tu hija- señalando en dirección a tu madre

Mama, mama por aquí-saludas a tu madre con la mano sin acercarte para no soltar a Lucia y mezclarte con el resto de familiares y pasajeros-


Tu madre se queda mirándote fijamente, no logras descifrar su expresión, hasta que sus ojos se desvían a Lucia y notas como su rostro se suaviza, sus ojos se humedecen y sonrie abiertamente.


-Mi princesa! pero qué grande estás! dame un abrazo- Lucia te ve primero, en cuanto asientes con la cabeza, la niña se acerca tímidamente a tu madre y le da los globos y el cartel.Tu madre deja escapar los globos y suelta el cartel para abrazarlA.

-Mi niña tan linda, tan grande - avanzas rápidamente y cojes los globos y el cartel que dibujo Lucia, y por fin la saludas

-Mamá estás guapísima, ¿qué tal el vuelo?

-¿Guapísima? ¿eso es lo primero que me dices? ven acá hija ingrata, dame un abrazo y un beso como dios manda, guapísima, guapísima, que no soy una de tus clientas.

Respondes con una sonrisa y un abrazo encorsetado y piensas, que tiene razón, tus clientas son mujeres felices, que vienen a ti para que las retrates en los mejores momentos de su vida.

-Vamos, te ayudo con las maletas, Lucia la mano, que hay mucha gente.

-Pero Amanda deja a la chiquilla, que ya es grande, no tiene que ir pegada a tu falda, a los hijos hay que dejarlos ser

-Solo tiene 4 años mamá, puede seguir siendo, tomada de mi mano.

-¡Ya estamos!, ni cinco minutos han pasado y ya empiezan los reproches, ten hijos para esto, bueno hijos no, ¡hijas! porque a tu hermano nunca se le ha ocurrido hablarme así.

-No te he hablado de ninguna manera mama, venga vamos al coche -suspiras y piensas en tu hermano, y su increíble capacidad de pasar de todo, en toda su vida nunca ha tenido que asumir ninguna responsabilidad, músico, hijo eterno e inmaduro profesional-.

-¿Este es tu coche?, ¿cómo crees que voy a meterme aquí? ¿acaso no ganas suficiente dinero para permitirte uno más grande? 

-Parece más pequeño de lo es mamá, además en una ciudad como está, es perfecto para aparcar…

-y ese es tu criterio para comprarte un coche, que sea fácil de aparcar?, no que sea cómodo?, seguro? estable? y seguro que Fran no te dice nada, es un…

-¡Mamá!- le dices señalando con tus ojos a Lucia- sube por favor.

El camino lo haces callada, mirando  de vez en cuando por el espejo retrovisor como tu madre juega con tu hija, feliz con los juguetes que le ha traído.

-Listo, hemos llegado, deja que te abra la puerta

-Doña Ana, pero que alegria tenerla ya aquí

-Fran, querido, pero que guapisimo estas- escuchas como le dice tu madre mientras se deja abrazar.

-Papá, papá mira lo que me trajo la abuelita.

-Oh, cuántas cosas, venga vamos adentro- dice Fran mientras deja la puerta abierta y se acerca al coche a ayudarte con las maletas

-¿Cómo estás?, ¿Qué tal ha ido?

-Bien, bien - le sonríes levemente-ve con ellas, luego hablamos.

-Así que desde aquí es donde siempre hablamos, que salita tan acogedora -su mirada se detiene unmomento en los candelabros que te hizo tu padre- por la cámara parece mucho más grande.

Sin darte tiempo a responder, Fran sale a tu rescate,

-Cariño, me llevo a esta pequeña vikinga a ducharse-dice mientras coje a Lucia y se la lleva al baño como si fuese un saco de patatas en medio de los gritos y risas de la pequeña-.

-¿Quieres beber algo?, agua?café? te? o prefieres instalarte en tu habitación?-le preguntas mientras te atrincheras en la cocina y te preparas para el primer asalto.

Sabes que tu madre ha notado tu tensión, decide no avanzar, te mira fijamente y sin previo aviso comienza a llorar, llora sin emitir sonido, sin parar, sin moverse, como si solo le estuviese permitido producir lágrimas y nada más. Te acercas poco a poco y la abrazas, y entonces como un petardo tardío explota!

-Juan, Juan, Juan,Juan, Juan, Juan

-ya mama, ya, lo siento tanto, lo siento tanto

-no puedo Amanda, no puedo sin tu padre, no quiero sin el.

-Ya mamá-qué más puedes decirle, sabes perfectamente que tiene razón, que no podrá sin el.


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