Tengo un perro precioso. Es un shiba Inu. Japonés…rarito.
Cuando me enfado con Thai la llamo Carla (el nombre de mi hija). Entonces me acuerdo de mi abuela que nos cambiaba el nombre a todos. Al perro que teníamos entonces le llamaba Felipe; se llamaba Flipper. No hubiera tenido más transcendencia si no hubiésemos estado en 1982, con Felipe González en el gobierno. Desde aquellos deslices algunos vecinos nos miraron mal.
Thai y yo jugamos a lanzar y recoger la pelota de tenis.
Yo le tiro la pelota, Thai va corriendo a por ella. Luego viene hacia mí corriendo con la pelota en la boca (el primer día casi se me cae una lágrima al ver que lo hacía a la primera), pero cuando llega yo pongo la mano y ella no me la da. Yo le digo:
- Si me la das, lo bordas.
Pero no. Tengo que perseguirla hasta que se la quito. Luego se la enseño y se la lanzo. A veces la lanzo lejos, ella mira la pelota, me mira después a mí y se queda sentada, impasible. Me vuelve a mirar. Yo le digo:
- Pues aquí se acaba el juego, si tú no vas no jugamos más.
Ella se rasca la oreja y se tumba.
Al final voy yo a por ella, la reboto retador contra el suelo, la miro, le sonrío y la lanzo más cerca. Thai va a recogerla, vuelve con ella en la boca y se para delante de mí, pero no me la da. Intento cogerla y se mueve unos centímetros. Me acerco más, ella repite el desplazamiento. Al final comprendo que ella quiere jugar a “a que no me quitas la pelota”... yo la persigo, me hace quiebros, damos vueltas a la mesa, me rompe la cintura, se acerca mucho, me chulea, me agota. No puedo más...
Me rasco la oreja y me tumbo
Al rato ella coge la pelota, se pone frente a mí, la suelta de su boca y la hace rebotar suavemente en el suelo, me mira retadora y sonríe. Que no os lo creéis? Los memes de perros sonrientes son shibas que putean a sus dueños
Cuando llego de trabajar me espera al final de la escalera haciendo una especie de baile de caballo cordobés en la Feria de Sevilla, moviendo rítmicamente las patas delanteras. Luego da un par de vueltas a mi alrededor y tiene pequeñas pérdidas como Concha Velasco. Es uno de los pocos ratos en los que Thai es perro.
El otro día le dimos un hueso de codillo. Si te acercabas salía un sonido de su cuerpo sobrenatural amenazante. Un sonido jalogüin gutural profundo. Tardó cuatro días en comerse el codillo en los que apenas nos relacionamos (por miedo) y ahora se tira pedos descompuestos, como los últimos días del codillo (mira, suena a reportaje del NO DO “los últimos días del codillo”)
Le gusta hacer agujeros en el césped. Tenemos la parcela como un campo de golf de novatos. Busca gusanos. A veces aparece con medio gusano colgando de su boca. Es asqueroso, pero son proteínas. El asco por los alimentos es algo cultural y nuestro perro no tiene cultura. Como es capaz de oler el subsuelo he enterrado papas con olor a trufa del Lidl por la parcela, para ver si lo convierto en perro trufero.
Cuando lleva su peluche (un pequeño elefante) en la boca, va moviendo la cabeza de lado a lado corriendo por todo el salón como si estuviera poseída, pero como va tan rápido y el peluche le impide ver, al final choca con algo: una pared, un mueble, el sofá...Afortunadamente, el elefante indestructible, actúa de airbag y la hace rebotar. Eso la cabrea aún más y entra en una especie de bucle destructor. Como mueve la cabeza mientras corre y además la intenta morder más cada vez, en ocasiones el elefante sale disparado y Thai se cree que vuela (tampoco sería la primera vez, acordémonos de Dumbo). Entonces la inmoviliza con saña. Para quitársela lllegué a pensar en darle un trankimazin, pero después de quitársela ya me lo tomo yo y también nos relaja. El otro día mi mujer me dijo, “al elefante indestructible se le ha caído una oreja”...y Thai la llevaba en la boca.
A veces pienso que vamos a acabar todos cogiendo moscas, entonces la miro y la veo dar bocados al aire, como cuando le soplo en la boca y quiere morder el viento. Cuando me acerco veo que efectivamente va detrás de comerse una mosca y que lo vive con la concentración de un controlador aéreo: no escucha, no se mueve, no pestañea; solo vigila el vuelo, y cuando la tiene cerca lanza bocado. Es un pelón, mitad perro mitad camaleón.
El otro día, cansado de ver a la mosca y a Thai en su duelo a vida o muerte (de la mosca), decidí rociarla de spray anti insectos aprovechando una parada en el cristal. La mosca cayó fulminada y antes de llegar al suelo Thai la interceptó y se la tragó. No llegó a tomar tierra la pobre. Thai se quedó mirando por el cristal, con la mirada perdida, como un actor de Hollywood después de hacer aterrizar un avión en llamas, luego se giró y se puso a dar tres vueltas sobre sí misma y al final consiguió morderse el rabo. Una oreja, el rabo, y tres vueltas al ruedo, no está mal...Tuve que gritarle ¡olé mi chica!

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