lunes, 21 de febrero de 2022

SIMBIOSIS

Me despierto, me quedo boca arriba, los ojos abiertos, las sabanas hasta la barbilla para que la cama no se enfrie, miro el rayo de sol y las brillantes motas de polvo que bailan en él. En el rincon, entre el techo y las paredes, la mancha de humedad hoy tiene tonos rosados. Al otro lado de la puerta se oye el trasiego de los demas huespedes, ya se han levantado. Uno de mis dos trajes cuelga de una percha en la pared, como el dibujo de un personaje inacabado, el otro descansa sobre la única silla, esperándome. Hoy es domingo y no tengo que ir a trabajar, pienso, esta tarde todo puede cambiar, el único amigo que he conseguido en este destierro me va a presentar a la mujer con la que puedo casarme, es de buena familia y, parece ser, ella también quiere un marido.

Mi tia es una copia benévola de mi madre, y me apoya, dice, tranquilizate que están a punto de llegar, tienes que causar buena impresion si quieres conseguirlo. Me miro una vez más en el gran espejo con marco dorado de su salón, tengo miedo de parecerle pueblerina, aunque haya llegado a este pueblo, desterrado, él viene de Madrid y quiero causarle buena impresión, es mi última oportunidad, no quiero pasarme la vida siendo la tía soltera.

Es evidente que anda por este mundo unos años antes de que llegase yo. Es provinciana pero su aspecto es agradable, parece sana, es lo que necesito para crear una familia respetable. Aparenta una fragilidad que me va a permitir dirigirla, enseñarla. Está hecho, y, si además aprovecho la oportunidad y le hago un hijo, es seguro que los padres no se van a oponer a que nos casemos.

Es más guapo de lo que imaginé, y de lo que me dijeron, ni en los días de fiesta he visto a un hombre con un traje como el que él lleva, seguro que se lo han hecho a medida, y sabe llevar el sombrero como los actores de película. Mis padres no lo van a aceptar, lo sé, ha estado en la carcel por rojo, pero a mí la politica no me interesa, la guerra se acabó y quiero casarme.

Tengo que tener mucho cuidado, no puedo hacer ruido, si se despierta no me dejara ir, solo puedo llevarme a la niña, ella ya entiende que tiene que guardar silencio, le pongo el abrigo sobre el pijama, somnolienta abraza su muñeca, le digo que tenemos que ir a casa de la abuela, su hermano se queda durmiendo, pero como ella tiene cuatro años mas, ya es mayor y puede venir conmigo. La noche es oscura y fria, la calle tiembla, es un tunel con intervalos de luz y penumbra, por él nuestas sombras aparecen y, desaparecen. Todos, parece que duermen. Al fondo del silencio se oyen los golpes del sereno, que da con su bastón sobre el asfalto. Entramos en la calle de casa de mi madre y lo encontramos de frente, mi hija aprieta mi mano, se esconderse entre mis faldas y se hecha a llorar, se calma cuando lo saludo y ve que conozco a ese hombre, él tambien me conoce, como a todos los del pueblo, tiene las llaves y le pido que abra la puerta de casa de mis padres, he olvidado las mias, le digo. Entramos, subimos sigilosamente hasta el primer piso, mi habitacion está como siempre, con la luz que entra a traves del balcón acuesto a la niña. Empiezo a desnudarme y un rectangulo de luz me atraviesa y proyecta mi sombra sobre la cama y la niña, me vuelvo, enmarcada en la puerta, con la bata de encaje azul, sobre el camisón blanco, mi madre parece la dama de un cuadro, su mirada me recorre de arriba abajo, se detiene en mi ojo, que empieza a teñirse de azul por el golpe. Nos miramos un tiempo que se me hace eterno. Tu padre, que en paz descanse, te advirtió de que algo de esto te iba a pasar, dice. La luz ha desaparecido cuando ella se ha ido, todo ha quedado en silencio y, abrazada a mi hija, trato de dormir.

Me ha despertado el llanto del niño, que ha venido a la cama buscando a su madre, tiene hambre, tengo que darle yo el desayuno, no se donde puede haber ido hoy domingo, estoy toda la semana trabajando y tambien hoy tengo yo que ocuparme del niño, ella no aparece, la niña tampoco, empiezo a pensar que se ha ido a casa de su madre, a quejarse por lo que paso ayer. Me pasé un poco, lo sé, pero es que se puso respondona, y eso es algo que un hombre de verdad no puede permitir. Estuve toda la mañana arriba en el terrado limpiando el gallinero, porque ella se niega a hacerlo, dice que es mi capricho, ¡mi capricho dice! Encima de que tiene huevos y pollos gratis se queja, dice que bastante tiene con los niños. Cuando bajé, cansado, encima me llenó de reproches, dijo que todo el mundo sabe la relacion que mantengo con la secretaria de mi amigo, vale, pero eso es natural en un hombre, no se de que se queja, con ella tambien cumplo, ¡vaya si cumplo! Ni en sueños pudo ella tener un hombre que la hiciera sentir lo que yo.

Ha venido, a echarme en cara el abandono, diciendo lo mala madre que soy por dejarlos de esa manera, sobre todo al niño. Siento que algo dentro de mi se ha roto, lo sé, es verdad, abandoné a mi niño, no lo olvidaré mientras viva, abandone a mi niño. No podia llevarmelo, habria llorado, lo habria despertado. Pero hoy, sentí algo que se parece a la felicidad, él se ha hechado a temblar ligeramente, lo he notado, le conozco, cuando se ha visto ante el capitan de la Guardia Civil. Lo llamo mi madre, y este acudió enseguida cuando le explicó el motivo. Ahora ya sabe que nunca más puede volver a hacer lo que hizo. La familia es lo primero, le ha dicho el capitán.

Siempre consigue aliados con su victimismo, ha puesto a mis hijos de su parte, ellos son lo que de verdad me importa. Mi hija, a la que le he dado todo, a la que he respetado siempre, a la que cuando se casó le dije que a la menor falta de respeto por parte de su marido, él tendria que verselas conmigo, y si ella lo deseaba, por cualquier circuntancia, si queria volver a casa, allí estaria yo para defenderla, en todo. Sin embargo, ahora que estoy enfermo se ha llevado a su madre, porque esta dice que ya no puede más, ¡me han dejado solo! La tristeza me invade, pienso, puede que en realidad yo sea un error.

Llevo meses viviendo con mi hija, despues de tantos años lo abandoné, todos me cuidan, mis nietos me adoran, sin embargo tengo remordimientos. Él está solo, no está bien dejarlo solo. Le he dicho a mi hija que quiero volver, ella dice que no lo entiende, que siempre me he quejado, que siempre ha tenido que estar defendiendome de él, que si vuelvo tendré que ser yo la que le haga frente. Sí, lo sé, pero él ya no puede hacerme nada. Además, necesito estar ahí para ver como se va apagando. Siempre deseé ver su final, sobrevivirle, sentir que él dejaba este mundo, ¡que ya no estaba en él!

Ha vuelto, a pesar de todo. Suelo estar bien durante dias, pero ya he perdido el conocimiento dos veces, al despertar ella estaba allí obsevandome, es cierto que no tiene fuerzas para levantarme pero me ayuda cuando lo intento, no me dice que vaya al medico, puede que sea porque sabe que los desprecio, que no me fio de ellos, siempre lo he dicho. Me oberva, no sé que piensa, yo ya no le digo nada, ya no me meto con ella, le estoy agradecido porque ha vuelto, creo que ella lo sabe. No se si lo ha escuchado, le he dado las gracias por haber sido mi mujer y le he pedido perdón por todo. He procurado ser un hombre.

No pide que venga el medico, siempre los ha detestado, veo como cada dia su cara adquiere un color mas azulado, no se queja, mi hija dice que tenemos que llevarlo al hospital, el se resiste y yo no insisto, con ochenta y cinco años poco le pueden hacer, y ya esta bién que deje este mundo, quiero conocer que se siente al saber que él ya no esta aquí. Ya no hablamos, pero hoy me ha cogido la mano y me la ha besado, a mi pesar me he emocionado.

Me viene a la memoria el cuento de Aladino, el genio de la lampara cumplia al pie de la letra los deseos. Los mios eran en un tiempo tener hijos, y ese deseo se cumplió. Casi toda mi vida he deseado su muerte, y hace dos años ocurrió. Ya no me queda ninguno por cumplir, no sé que hago aquí. 



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