lunes, 21 de febrero de 2022

El ciclo

María acariciaba tiernamente la mejilla de Manuel para despertarlo, luego se levantaba sin hacer mucho ruido ni movimiento para darle unos minutos más, iba a la cocina y preparaba el café que luego le llevaba a la cama, le daba un beso en la frente, él abría los ojos y se incorporaba para tomarse el café, María apartaba la cortina solo un poco para entrara algo de luz, sin incomodar los recién abiertos ojos de su marido, se sentaba en la cama y empezaba a contarle los raros sueños que había tenido durante la noche, terminaban hablando de lo que les esperaba durante el día, aunque esos minutos de conversación le restaban tiempo para prepararse, Manuel lo disfrutaba tanto que no le importaba apresurarse luego para no llegar tarde al trabajo. María le acomodaba la corbata y lo acompañaba hasta la puerta, se daban un apasionado beso y se despedían como si no fueran a verse en mucho tiempo.

Antes de ponerse a trabajar en su estudio, salía a caminar por el parque, siempre se topaba con sus vecinas mayores a quienes saludaba una a una y les iba preguntando como se sentían, también por sus familias, prestaba mucha atención a lo que ellas le respondían, se ofreció a ayudar a Bea a limpiar su gallinero porque le contó que su marido se había puesto malo y a ella sola le costaba mucho. Al llegar a casa revisó su móvil y vio que su amiga Angela le había enviado una foto, era un test de embarazo positivo, ella le respondió con una nota voz, la felicitación era muy sincera, realmente le alegraba que su amiga estuviera embarazada de nuevo, pero no pudo evitar sentirse muy triste porque ella aún no lo había conseguido, así que se sentó y empezó a llorar. El día continuo bastante normal siguió trabajando en sus diseños y esperaba ansiosa que llegara la hora para ver a Manuel. Cenaban juntos siempre y hablaban sobre su día, no le contó sobre el embarazo de Angela. Vieron una película y luego se fueron a la cama.

La mañana siguiente ella se levantó con pocas ganas, le hizo el café pero no quiso hablar mucho, le estuvo dando caña todo el rato para que no se le hiciera tarde, apenas lo besó para despedirse. Salió a caminar más tarde para no toparse con nadie.

El siguiente día María no se levantó, no hubo caricias, ni café, ni siquiera se volteó a saludarlo. Manuel le tocó el hombro, ella hizo un movimiento para apartarlo, se fue sin despedida. María estuvo en la cama un rato más, salió a caminar pero llevaba sus cascos con música a todo volumen, se fue por otra calle para no cruzarse con las vecinas, al volver a su casa revisó sus diseños del día anterior, los que le habían gustado, en ese momento le parecían una mierda ¿en que estaba pensado cuando escogí esos colores, esas texturas?. El cliente lo odiaría seguro, nadie quiere esos colores en su salón, pensó. Sintió mucha rabia, había perdido tiempo, tiró todo contra el suelo, miraba su trabajo con desprecio. Esa noche no quiso cenar, se había dado un atracón con bocadillos que habían quedado fríos en la nevera y no le quedó espacio para acompañar a Manuel, su conversación con él se limitó a respuestas monosílabas, se acostó temprano. 

Después que Manuel se fue al trabajo, se levantó obligada por la presión de su vejiga. Se miró al espejo y lo primero que notó fue una cana que brillaba con la luz, se la arrancó con los dedos, luego miró las profundas y oscuras ojeras que se pegaron a sus ojos con la falta de sueño y encontró nuevas arrugas en su rostro. El teléfono sonó, era Bea, pero no tenía ganas de hablar con ella, mucho menos de limpiar gallineros, así que lo dejo repicar. No salió a caminar, tenía que terminar su proyecto de diseño pero las ganas de no hacer nada le superaron. En la tarde tuvo que salir a buscar unos materiales porque estuviera o no con ánimos, debía cumplir con una entrega. Lo primero que se encontró fue a una madre con cara de agobio y un pequeño berrinchudo dando patadas al suelo, la miró casi con asco y soltó: “¿a que estabas mejor sin él?” La mujer la miró sin saber que responder, alzó al niño y siguió su camino. El resto de la tarde estuvo pensando en lo que le había dicho a esa mujer, y se sintió fatal, pensaba en que igual quiere tener hijos y que llegarían cuando tengan que llegar. Llamó a Bea, y quedaron para limpiar el gallinero. Durante la cena le contó a Manuel lo que había hecho y también que su amiga Angela esperaba a su tercer hijo. 

-Tal vez el próximo mes por estas fechas sea mejor que te quedes con tu madre y me dejes encerrada en la casa. Le dijo María.

Manuel que creció siendo el único hijo barón entre cuatro hermanas, entendía eso de que la regla tomara el control sobre María, como si estuviera poseída por sus hormonas. Le contestó con una sonrisa: 

-No es mala idea, me lo pensaré.

Al día siguiente Manuel se despertó de nuevo con una caricia de María. El ciclo había empezado otra vez.

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