lunes, 17 de enero de 2022

De Caracas a Maracay hay siete perros muertos

De Caracas a Maracay hay siete perros muertos, si pudiéramos cambiar el sistema de medición establecido de kilómetros por perros, esa sería la medida exacta, siete perros atropellados es la distancia que separa Caracas de Maracay, con esta frase N.G solía empezar su charla sobre uno de sus “proyectos” fotográfico más exitosos.


Cuando J.P descubrió por casualidad la fotografía de su perra Canela en una marquesina de la ciudad anunciando la inauguración de una gran exposición de fotografía, no pudo moverse, su corazón latió rápido y lento a la vez, sintió que le faltaba el aire, como cuando se caía de una ola y el mar lo tragaba por unos segundos para luego escupirlo a la superficie, solo que allí, viendo los ojos marrones de su perra, con la mancha canela que se extendía sobre su frente y le llegaba hasta su oreja izquierda, no lograba salir a flote.  


La sala de exposiciones funcionaba como un gran espacio neutral, paredes, suelo, techo blancos, con el objetivo de resaltar esas inmensas fotografías, imágenes que por la expresión de los asistentes causaban gran fascinación.


 J.P se había leído todas las críticas que se habían escrito sobre el proyecto, tarea nada fácil tomando en cuenta el lenguaje tan absurdo de muchos críticos de arte:


la maestría de N.G está en mostrarnos el final de una sinfonía y no echar de menos el principio


cuando estás frente a ellas, no puedes dejar de pensar en la belleza de la muerte y desear que cuando sea tu turno N.G pueda fotografiarte


N.G nos invita a sumergirnos en la escena de un crimen violento y sangriento sin que nos salpique una gota de sangre


Esta última era su favorita, porque encerraba una verdad a medias, N.G era un criminal, disfrutaba de la violencia y la ejercía con sus fotografías y el, J.P lo demostraría. 


Luego del dolor y el impacto de su descubrimiento, decidió hacer lo que se le daba bien y para lo que había sido entrenado, investigar. J. P era el inspector más joven del cuerpo de policía, gozaba de buena reputación, era respetado por sus superiores y apreciado por sus compañeros. Lo primero que hizo fue investigar el pasado delictivo de N.G, no encontró nada relevante, al parecer era un ciudadano del monton, con alguna multa de tráfico sin pagar, divorciado, con una hija, dueño de una escuela de fotografía y respetado en el mundo del arte, nada sospechoso, por ahora. 


N.G estaba en el patio posterior de la casa modernista que servía de sala de exposición final en la larga itinerancia de Violencia silente, allí, entre los samanes milenarios y silenciosos, junto a las aves del paraíso vibrantes e impasibles, allí, con la vista del  Avila, esa montaña que rodea y salva de la locura a esta ciudad, alli, podia respirar algo de verdad. 


No podía escuchar una vez más, lo maravilloso que era su trabajo, lo increíblemente bellas que eran sus fotografías, la profundidad de su obra,  

asentir, 

sonreir, 

dar la mano.


F.M le dijo - L.P.O es el único que puede hacer que ganes este año el Premio Nacional de Fotografía, lo sabes. Es tu última oportunidad de postularte, después, solo podrás recibir el premio al reconocimiento de tu carrera, cuando tengas 80 años y ni siquiera recuerdes lo que fuistes. Además, se acerca otra devaluación, ya nos lo dijo A.I,  el próximo año los premios serán en la nueva moneda del gobierno, sin valor alguno, como este país, que cada vez se asemeja más a una lata vacía que sirve para calentar los sueños de los despojos que van quedando de la gran revolución. 


L.O.P era un dandy tropical, un hombre criado para ser sensible, educado en los mejores colegios británicos y franceses del país, con una educación superior impagable en Estados Unidos, Doctorado en europa, con un manejo de la prosa envidiable y una impecable trayectoria como crítico y curador de arte que le depararía en un futuro el cargo de Curador jefe en Arte Latinoamericano, en el MOMA.


Cuando N.G lo recibió en su estudio no sabía muy bien cómo comportarse, L.O.P le pidió que le mostrará todos sus trabajos, incluidos aquellos sin terminar, su rostro ceñudo, miraba fijamente cada copia fotográfica, a veces sus ojos parpadeaban a un ritmo frenético como siguiendo un compás de Jazz, otras veces se quedaban muy quietos, casi cerrados como una rendija de luz que se cuela entre las sombrillas de la playa. 


N.G se sorprendió al ver que mostraba un excesivo interés en una serie intermedia, que nunca terminó, era su colección de perros atropellados. Aquel trabajo le causaba atraccion y repulsion al mismo tiempo, le fascinaban los colores putrefactos, los chorretones de vísceras, la textura de la piel peluda pegada al asfalto, los dientes brillantes aplastados unidos a la lengua, los ojos demenciales sobre la carretera. Eran puro placer estético unido a un gran sentimiento de culpa. 


“Son de una composición perfecta y un ejercicio de iluminación magistral” esas fueron las primeras palabras de L.P.O sobre sus perros, luego comenzó a hacerle preguntas sobre la intención, la búsqueda, el germen de la idea, al ver que aquello solo representaba un simple placer estético, decidió que estas fotografías vacías de contenido e intención por parte de su autor,  podían servirle a él de inspiración para su próximo ensayo sobre la Estética de la modernidad o como lo terminaría llamando Violencia silente: recorrido por los códigos estéticos de la fotografía Latinoamericana y que le abriría el camino hacia una de las colecciones de arte más importante del mundo y le otorgaría a N.G su tan ansiado Premio Nacional.


J. P salió al patio con sigilo evitando anunciar su presencia, desde su posición detrás de una de las columnas podía ver como N.G parecía querer escapar de todo, su mirada triste, ensombrecida se perdía en las montañas. Por un momento J.P vaciló, no parecía el tipo arrogante de las conferencias, el que se deleitaba hablando de sí mismo y su obra, había algo más, de pronto se oyó sonar un teléfono, y N.G lo cogió sin mucha prisa de su bolsillo.


-Cariño!, N! lo has conseguido, te dan el Premio Nacional!!!


N.G no podía creerlo, lo había conseguido, L.P.O lo había conseguido. Después de una carrera profesional intachable, dedicada a documentar las tradiciones antropológicas de la nación, lo premiaban por unas fotografías que mostraban lo peor de él, perros muertos, perros moribundos, perros sin dueños, perros solos.

  

Era un impostor, un farsante, un ser despreciable, ahora con mucho dinero y prestigio, y en esta locura de País sería el rey!


J.P no pudo oir la conversacion, pero vio como el rostro de N.G se fue transformando, 

pasodelhastíoalasorpresaalestuporalarabiaalaverguenzaalaculpayalasoberbia,

entonces J.P ya no vacilo.


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