lunes, 17 de enero de 2022

El pez dorado

¿Alguna vez has visto un pez dorado que habla, sobre un charco de agua, en medio de la calle a las 5:00 de la mañana?

La fiesta no había terminado, pero yo ya estaba muy cansado, no podía fumar un cigarrillo más, y la botella de ginebra se había acabado con mi último trago. Decidí que era el momento de irme de allí, el suelo empezaba a moverse, y si, ya era hora de irme de allí. Las chicas se pusieron aburridas, no querían hablar conmigo, así que me fui. No recuerdo si llegué andando o en mi coche, pero andar siempre es más seguro cuando el suelo se mueve, las farolas se mueven, los árboles se mueven. Aunque vaya muy perdido siempre llego a casa, pensé, siempre me despierto en mi cama, y empecé a andar. El suelo se movió completamente a la derecha y para equilibrarme, yo me moví hacía la izquierda, levantaba el brazo donde tenia mi último trago para no dejarlo caer, cuando logré ponerme derecho, el suelo se movió hacia el otro lado, pero esta vez, no me pude equilibrar, fui directo al suelo. Mi cabeza cayó dentro de un charco de agua, aunque intenté levantarme no pude, miré hacía el frente, y allí estaba, un hermoso pez dorado, tirado allí de medio lado, compartíamos el mismo charco. Mi visión era cada vez más borrosa pero podía ver los ojos del pez frente a los míos, me miraba fijamente y con la boca abierta. El pez movió su boca y empezó a hablar conmigo.

 - Carlos, estás muy mal, dijo con una voz muy suave que sonaba como si estuviera muy lejos.

Su boca se movía muy rápido casi podía entender todo lo que decía 

- Carlos, te tienes que levantar, aún falta para llegar a tu casa, menos mal que no te has roto la cabeza esta vez, pareces de 60 y solo tienes 33.

Me sorprendía que el pez supiera mi nombre o mi edad, y además que me había golpeado la cabeza. De pronto el pez se levantó, movió sus dos largas aletas, su falda naranja translúcida y brillante se movía de un lado a otro, empezó a volar, volar y bailar, se movía con ritmo. No se cómo, pero también me levante y empecé a bailar con él, de un lado a otro, salieron rayos de luz por todos lados detrás del precioso pez, era mágico, cada tanto me decía: Ya casi llegamos.

De pronto abrí los ojos y aparecí en mi cama, lo sabía, siempre me despierto en mi cama, me costó mucho abrir los ojos por completo, como si los párpados hubieran estado pegados, tenía la boca seca, mi boca era un hueco lleno de polvo, no lograba acumular saliva, me dolía la cabeza, mi cabeza era una olla express a punto de estallar. De pronto recordé al pez, empecé a buscarlo, no estaba entre las sábanas ni el suelo, abrí la puerta de mi habitación y salí, miré por el suelo, en el vater, pero no estaba.

¿Donde habrá ido a parar el pez?

Llamé a mi amigo Pau toda mi aventura con el pez.

- Si, el pez te lo  llevaste de la pecera de casa de Anna, lo tomaste sin más en el vaso que tenías en la mano, hasta le diste un sorbo. Te fuiste caminando, cuando me dijeron que te habías ido, salí a buscarte, te encontré en el suelo 6 calles más adelante, te llevé a tu casa y te dejé en la cama. Estaba saliendo el sol, ahí está tu pez dorado. Carlos, estás muy mal.



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