domingo, 12 de diciembre de 2021

LA  DESPEDIDA

Y me veo entrando, con paso lento, silencioso, mientras deslizo la fina suela de mis zapatos, por el brillante mármol de la sala del tanatorio, y entre las flores veo la Pietá invertida que forman los dos; él en el centro, la mirada baja, parece dormido, ¿o la esta mirando? no sabes, ella está yaciente en su féretro. Has llegado pronto para no tener que juntarte con nadie más; para no tener que ver el escrutinio en la mirada de antiguos conocidos, ni las falsas condolencias que se verían obligados a mostrar; a pesar de que todos, saben... que no tendría sentido darte.

Te detienes, y ella queda entre los dos, y tu ves la ancestral imagen. Él levanta la mirada, y ves en la suya: asombro, una recóndita pena, algo de miedo, y más sentimientos que desconoces y tampoco deseas saber. Te mira detenidamente, calcula tu actitud, y su voz sale crispada. Hola hermana, dice, ¡es una auténtica sorpresa que hayas venido! ¿para despedir a nuestra madre? ¿después de tanto tiempo?. Te veo muy bien, incluso mejor que hace quince años ¡verdaderamente son muchos años!. Ese aire de seguridad que has adquirido te sienta de maravilla.

Y tú sientes el ligero temblor que recorre tu cuerpo, que afortunadamente él no ve, y te preguntas, por qué te has impuesto esta situación, que nadie te ha pedido, que nadie quería que hicieras, y todo es, ¿qué es? ¿un vacío? ¿una nada? ¿una distancia? sí, una distancia. Has sabido de su muerte por el periódico; y pensaste que, quizás, puedas cerrar por completo la herida.

Noto en tu mirada desprecio, dice él, si, estoy tan gordo que apenas puedo moverme; siempre fui torpe ¿verdad? no podía alcanzarte, nunca, a pesar de ser mayor que tu. Estoy jodido, dice, desolado más bien ahora que ella se ha ido. Era mi guía, mi sostén, y sin ella no sé como voy a saber vivir. ¿Recuerdas lo unidos que siempre estuvimos?. Contigo fue diferente, siempre receló de ti y con razón, le quitaste el sitio. Sí, veo esa amarga sonrisa en tu boca; pero ¿qué podíamos hacer?, solo el silencio, o, de lo contrario sufrir su ira. Tú... nos servias de escudo. 

Si, piensas, nunca me defendiste, ni de padre, ni de madre, de nadie, tampoco de ti. Y sigues, allí, ante ellos; la soledad te encierra en su armadura, y el silencio contiene tus palabras, todo lo demás es distancia vacía, cercanía vacía, no, está vacía en su oscuridad, de todos los pensamientos que tratas de pensar, y pesan demasiado: amor, pasión, ¿donde está el limite de los sentimientos? ¿los hay? no sabes. 

Te fuiste, dice él, saliste huyendo y nos dejaste a su merced. Él quedó tan desolado que toda su ira la dirigió hacia nosotros. Supimos después de mucho buscar, donde estabas, y desde ese momento te seguimos a distancia madre y yo, aunque no quisimos evitarte dificultades porque estábamos resentidos. A pesar de todo has sabido salir a delante, sola, siempre fuiste muy independiente.

Tu silencio le da alas para seguir diciendo; tienes que estarnos agradecida porque no le dijimos donde estabas, a pesar de que se volvió en contra nuestra. Incluso visito alguna vez mi alcoba, que por cierto, no le atrajo como la tuya; sin embargo, he de decirte que él dejó una huella profunda y permanente en mí. Pero se volvió loco, y tuvimos que que buscar una solución, que tienes la suerte de ignorar. El rencor que percibo en ti, dice, no tiene en cuenta el inmenso favor que te hicimos; a pesar de que si tu estabas él nos dejaba tranquilos. Es cierto que cuando por fin murió no te dijimos nada; pero madre y yo sabíamos que te las arreglabas. Siempre has tenido mucho temple, más que yo, en eso te pareces a él. También tienes sus ojos y la mirada mordaz que estaba en ellos cuando nos miraba a madre y a mi. Sin embargo, era extraordinario ver cómo se dulcificaba esa mirada, cuando seguía tus graciosos movimientos; solo aparecía en ellos enfado cuando tú le esquivabas, cuando tú te escondías. Madre y yo conocíamos tus lagrimas, pero has de entender que el silencio nos libraba de él. 

Si, piensas, lagrimas de culpa y desprecio de ti misma. Y recuerdas también, que a pesar de todo lo amabas.

Ahora te tenemos aquí delante, dice, ¿porque? ¿para despedirte? ¿a pedir...? ¿ a reclamar la herencia? Siento decirte que no va a ser posible, al final todo fue de madre y ella ya me lo dio, ahora es todo mio. 

No... y tu voz sale al final del silencio. No he venido a pedir nada, a reclamar nada; solo he venido a enterrar junto con ella el rencor, el último vestigio de odio que me estaba impidiendo ser todo lo libre de lo que soy capaz. Y como tu bien dices, tú solo me inspiras desprecio, un sentimiento que al contrario del odio, no me pesa y puedo decir adiós a todo aquello.

Y te das la vuelta, y deshaces el camino, despacio, respirando hondo, sin mirar atrás porque ahora lo sabes, no necesitas volver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entrevista a Bárbara

 https://www.elconfidencial.com/espana/comunidad-valenciana/2022-07-10/barbara-blasco-a-veces-es-escritora-he-pasado-gran-parte-de-mi-vida-p...