Una preciosa vista al mar
“Se busca “compi” para compartir acogedor piso
con preciosa vista al mar, fácil acceso a transporte,
comercios y todos los servicios cerca.
Interesados escribir por DM”
Esto fue lo que publicó Pablo en su muro de Facebook y las respuestas no se hicieron esperar. Una en especial le llamó la atención, sólo decía: “Me interesa”. Pensó que era el indicado, tal vez no hablaría mucho y la convivencia no sería un problema. Así que lo citó en el piso.
Pablo estaba sin empleo, y el dinero que ganaba por los dibujos que hacía y vendía en la calle, no era suficiente para mantenerse, además, no cobraba paro. Se había graduado de arquitecto, pero no podía ejercer como tal por no estar colegiado, hacerlo costaba mucho dinero.
Luego de mostrarle el piso a Carlos, le indicó: "Esta es la habitación, es la más grande, serán 350Є al mes, de entrada el equivalente a dos meses de fianza y el primer mes por adelantado". Carlos aceptó, después de todo el piso estaba muy bien y la vista al mar era realmente hermosa. Recibió un contrato que entre otras cosas, señalaba que se le avisaría con un mes de antelación si debía abandonar la habitación y así mismo, él notificaría con tiempo si tuviera que irse.
Carlos llevaba a sus amigos al piso, también chicas con las que tenía sexo casual. Cada vez que tenía invitados, Pablo salía a saludar, siempre lo miraban en silencio hasta que se daba la vuelta y volvía a su habitación.
Un día Carlos se levantó muy temprano y fue a la cocina. En la mesa estaba el móvil de Pablo, sonó una notificación y en la pantalla podía leerse: “Recibido el pago de los 400Є de renta. Seguid disfrutando de las puestas de sol sobre el mar”. Siguió revisando y vio el mismo mensaje en la misma fecha pero en meses anteriores. Indignado puso de un golpe el móvil donde estaba.
Ese mismo día en la tarde Pablo llegó muy contento, finalmente había conseguido un empleo, no era su trabajo soñado, pero le pagarían bien y tendría un horario muy bueno de 7:00 de la mañana a 3:00 de la tarde. Le contó a Carlos, pero éste sólo respondió con una mirada muy fría. Pablo salió a celebrar, debía regresar temprano porque iniciaba en su nuevo curro al día siguiente. Al llegar, se encontró con una fiesta en la casa, había música a volumen muy alto y personas hablando. Se fue a su habitación después de saludar, pero el ruido no lo dejaba dormir, no quiso discutir con Carlos y se durmió como pudo. Al día siguiente despertó muy cansado, quedaban aún algunas personas muy borrachas en la casa cuando salió, apenas era miércoles. Ese mismo día en la noche Carlos llegó con otro grupo de amigos.
“Tío, necesito descansar, debo levantarme muy temprano”, le dijo Pablo, a lo que Carlos respondió: “Me la pela”. Las fiestas y reuniones continuaron todas las semanas. Un domingo, cuando Pablo regresaba a casa, al acercarse a su habitación escucha música y a Carlos con una chica. Cuando intenta abrir la puerta, ésta, está cerrada con llave. Empezó a golpear y a gritar para que le abrieran, pero en respuesta Carlos subió todo el volumen de la música. Pablo esperó afuera, estaba dispuesto a todo. Cuando Carlos salió con la chica, le dijo “Las patas de mi cama suenan mucho y me cuesta concentrarme”, se marcharon riendo.
Como era imposible hablar con Carlos, Pablo decidió enviarle un mensaje por WhatsApp:
“Querido Carlos, lamento que nuestra convivencia se haya convertido en esto, es imposible hablar contigo. Cuando te dije que no tenía inconveniente alguno en que trajeras a tus amigos, no me refería a que hicieran fiestas todo el tiempo, o que usaras mi habitación con tus chicas, esta situación es insostenible, para mi es imposible descansar. Como bien sabes, ya encontré un empleo y económicamente estoy mejor, por lo que debo pedirte que te vayas. Además, no has pagado los últimos tres meses. Por favor, hablemos. Un abrazo”
La respuesta de Carlos fue:
“Me importa una mierda que no puedas descansar, o si estás mejor o no. No dejaré de hacer mis fiestas o de invitar a mis amigos. Y que no se repita que sales a saludarlos con esa sonrisita como si fueras mi abuela. Si tanto te molesta esto, pues vete tu, y por la renta no esperes un duro, ya he pagado bastante”
Pablo quedó con la boca abierta, no sabía qué hacer, este tipo era de cuidado y sus amigos realmente tenían mala pinta, así que debía moverse con cautela. Las fiestas continuaron, también el uso de su habitación. Las puestas de sol ya no eran lo mismo.
Obstinado, iracundo y cansado, Pablo decide actuar. Esperó a que Carlos se fuera, cambió la cerradura de la puerta y empezó a sacar sus cosas. Cuando Carlos llegó se inició la gran pelea. La ropa y otros objetos volaban en el aire hacía la calle por el balcón, la discusión pasó de gritos a golpes, cayeron al suelo Carlos tenía dominado a Pablo, pero éste logró soltarse, lo tumbó y tomó a Carlos por el cuello, le estaba ahorcando. Carlos logró alcanzar una roca que Pablo tenía como decoración y lo golpeó en la cabeza tan fuerte como pudo, cayó inconsciente y la sangre empezó a correr rápidamente. Carlos lo toca y se da cuenta de que está muerto, cuando trata de levantarse, se resbala con la sangre y cae de espaldas pegando la cabeza contra la punta de una mesa de mármol, muere de inmediato.
Finalmente llega la policía y logran tirar la puerta. Al entrar, Pablo y Carlos están tendidos en el suelo, uno pegado al otro, como abrazados sobre un gran charco de sangre. Los agentes no lograban entender que había pasado. De pronto uno de ellos mira al frente hacía el balcón, toca al otro en el brazo y le hace señas con la mirada, estaba cayendo el sol, parecía que se ocultaba dentro del mar lentamente, habían hermosos destellos sobre el agua y hasta parecía escucharse el canto de un coro celestial. Ambos se quedaron observando maravillados y conmovidos, uno de ellos rompe el silencio al decir "Es una preciosa vista al mar".
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