Roberta, ¿preparada?, porque me lo he aprendido de corrido. Roberta respira un poco agitada. Preparada.
De acuerdo, pues escribe y no me interrumpas.
Adelante.
Protagonista es una palabra compuesta por cinco sílabas, doce letras, tres de ellas repetidas. Pero es mucho más, es lo que yo anhelaba ser antes, cuando mi naturaleza me conservaba en una lata en la que solo entraban los discretos segundos planos y un atrevimiento contenido. Yo quería hacerme de notar, tenía muchas opiniones fallecidas dándole mal sabor a la punta de mi lengua y algunos rasgos distintivos, como los pies bonitos.
¿Qué tienen que ver los pies?, espeta Roberta.
Tú escribe.
Nunca lo conseguía, mi vida era prescindible. Un trabajo anodino, una amiga llamada Roberta que me consideraba la mejor después de su mejor amiga.
No digas eso.
Pero que no opines.
Conseguí diferenciarme cuando empecé a trabajar en una revista digital que había conseguido la fama con un artículo sobre el placer femenino que inició un intenso debate. Allí fui feliz, me liberé de miles de palabras que tenía dentro; escribí sobre el duelo, sobre los sueños, las pesadillas, las terapias, los terapeutas, la depresión, las costumbres que se enredan, la religión.
Pues yo te recuerdo super estresada.
Escribe y calla.
Vale, sigue.
Apenas unos meses después me convertí en la paciente cero de la Enfermedad de los Escribientes, desde que sé que "protagonista" tiene cinco sílabas y doce letras pero no puedo leerla ni escribirla, ni comprender las letras cuando se unen. Puedo verlas, puedo distinguir que la P está hecha con un palito que se une a una forma redondeada, pero de acuerdo con los neurólogos, nunca podré volver a leer. Ni a escribir.
¿Quieres que empecemos de nuevo?
Roberta, ¿no te he dicho que no me interrumpas?.
Como te habías quedado en silencio.
Belén levanta la cabeza y dos gotas transparentes caen desde sus ojos incapaces.
Seguimos.
Vale.
E
sta lesión en mi cerebro fue provocada, fue un ataque, y necesito que los medios dejen de obviarlo y de tratarnos como víctimas del aire que respiramos. Sabemos de sobra que nuestra deficiencia no pudo provenir de la naturaleza, que no hay ningún virus que ataque solamente a escritores y redactores, que esto forma parte de un plan, un plan para detenernos, para que no haya opiniones propias ni distinguibles. De hecho, de un modo que tachan de casual, los infectados son mayoritariamente mujeres.
Realmente puede ser casualidad.
No me jodas.
Me han robado todo lo que me hacía feliz, pero nos tendrán que romper las cuerdas vocales porque no tenemos miedo y seguiremos opinando y peleando por ser libres de expresarnos. Quienquiera que esté detrás de esto debe saber que solo ha hecho que incendiar más nuestro deseo de remover las mentes, que no pensamos parar, que reclamamos que nuestro protagonismo no se deba a nuestra enfermedad.
Cálmate un poco,dice Roberta mientras ve con espanto que en su móvil entra una noticia: Escribiente afectado por la neuralgia pierde la voz.
Vale, envía esto por hoy, para mañana prepararé algo más elaborado.
¿Cómo lo título?
Todos somos Escribientes.
Le doy a enviar, ¿segura?. Yo estoy temblando. Mañana me llamas a primera hora para saber que sigues pudiendo hablar.
Dale, dale.
Enviado.
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