Padre e hijo, Román y Ramiro, sentados en un banco en silencio. Frente a ellos, un depósito de neumáticos de varias hectáreas conforma un manto negro que cubre el suelo hasta donde alcanza la vista. Es un mediodía de verano y sus frentes brillan.
Siempre me relaja venir aquí, hijo. La inmensidad de este mar de caucho le hace sentir a uno muy pequeño y esa ligera brisa gomosa… ese olor a plástico quemado, a alquitrán, me transporta a otros lugares. Me recuerda a cuando joven... me recuerda a tu madre.
No se ponga usted exótico, padre…
No fastidies hijo, que ya tienes una edad. El olor a caucho a tu padre le pone loco y lo sabes. Puede que cuando huele a rueda me convierta en una bestia irracional rendida a los instintos primarios, a las más bajas pasiones, pero sigo siendo tu padre. No has de avergonzarte, si no fuera por esa filia olfativa mía, tú no estarías aquí.
El chico asiente con la mirada distraída. El padre respira profundamente, disfrutando el aroma a neumático. Con los ojos cerrados suelta pequeños bocaditos al aire. Lo está gozando. El chico incómodo:
Bueno qué, ¿me va a ayudar con lo mío o va a seguir pensando en madre delante mía? No se corta usted una cala, padre…
Estoy aquí para escucharte ,hijo, poco más te voy a poder ayudar. En todo caso te puedo expresar mi experiencia, por si te sirviera de algo.
Pues hombre, menos dará una piedra, padre.
Es diferente hijo, yo a tu edad tenía muy claro que quería ser taxista y me fue muy fácil decidirme a estudiar taxidermia.
¿Cómo podía tenerlo tan claro? Quiero decir, ¿usted lo ha tenido todo claro siempre?
Yo sí.
Vaya padre, pues así no ayuda…
No te agobies hijo, no todos podemos ser firmes y determinados. Tenéis que haber algunos mierdecillas para que se pueda diferenciar a los virtuosos de los mediocres.
Está usted haciendo sangre, padre…
No temas la verdad, hijo. La verdad no hace daño si uno no se empeña en engañarse.
Bueno, a mí me gusta pensar que es de sabios reflexionar y dudar…
Tonterías.
¿Entonces no cree usted que es injusto tener que tomar una decisión de este calado a tan temprana edad? ¿Cree de verdad que uno tiene madurez suficiente para elegir el camino que marcará su destino por el resto de su vida? Yo, sinceramente, no me siento autorizado para joderme así la vida. Ni en un sentido ni en otro. Quiero decir, que elija lo que elija no me lo perdonaré jamás, probablemente.
Mira hijo, mira a aquel perro.
A lo lejos un perro olfatea y camina en círculos. Levanta el hocico, observa el entorno, y vuelve a olfatear. Gira otra vez sobre sí mismo. Incrementa el ritmo de su respiración agitada mientras olfatea con avidez. Ramiro y Román le observan en silencio. Después de varias vueltas más, cerca de dónde había empezado su ancestral danza, adopta una postura desencajada y defeca.
Ramiro, dándole un golpecito con el codo a Román:
¿Lo ves? Pues más vueltas le estás dando tú... Total, para cagarla. ¿Qué más te da qué estudiar? Al final te dedicarás a lo que te dejen.
Joder padre, con el debido respeto, pedirle a usted consejo es como hablarle a una piedra. Sólo que la piedra no me vacila, eso sí…
Con el debido respeto hijo, eres un meapilas infumable además de demasiado susceptible. Encima de que intento pasar tiempo de calidad contigo, como si me importase, me vienes con esas insolencias. ¿Sabes lo que te digo? Que si quieres un consejo sobre como recorrer tu camino, ahí tienes un buen montón de ruedas que entre todas sumarán un buen montón de kilómetros recorridos y experiencias acumuladas… Pregúntale a ellas, seguro que tienen más juicio que tu viejo padre. Los jóvenes de hoy en día no tenéis respeto por nada.
Pero padre, no se ponga así…
Román, querido, que te den por culo.
Y usted que lo vea, padre.
El padre le da una palmada en el hombro y se retira visiblemente afligido. Román queda sólo en el banco mirando a las ruedas.
Bueno, ¿algún consejo?
Las ruedas permanecen mudas. Román supone que estarán muertas al haber acabado en esa fosa común de neumáticos, pero le queda la duda de si no le responderán porque le ningunean o por hacerle el feo. A lo mejor su padre tiene razón y es un mierdecilla por no tener claro qué itinerario formativo debe elegir para continuar sus estudios. A lo mejor es tan mierdecilla que ni las ruedas le prestan oídos.
De repente, una piedra junto a él comienza a hablarle:
Mira Román, cuando uno no sabe qué elegir en la vida, lo mejor que puede hacer es dejarse llevar por su instinto. Usar la vibración como brújula. Dejar que tu esencia te indique cual es el camino que quieres recorrer. De manera subconsciente tu cuerpo te indicará la leyenda personal que has de cumplir, para la que has nacido…
Román la escucha atentamente por un momento. De repente, se levanta del banco de un brinco y propina un puntapié a la piedra que la hace desaparecer entre el mar de neumáticos.
No me va a rallar la cabeza una puta piedra Zen de esas, con sus movidas trascendentes y ese aire de superioridad espiritual. ¡Anda ya!
Román abandona la escena refunfuñando y sin saber qué quiere ser de mayor.

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