Alguna vez has pensado ¿qué precio tienen las letras? mi tía Ita, lo sabe perfectamente: 10 mil bolívares. A ella le costó 50 mil bolívares y 7 años de trabajo cambiar su nombre de nacimiento.
La historia, varía según el narrador que la cuente, para mi abuela Isabel el nombre de mi tía fue un acto de cariño, para mi madre (Tatiana) fue el momento de poner en práctica todo su talento, para mis tíos Teodoro y Zacarias un juego. Mi tía Yolanda siempre se ha sentido culpable, ya que ella estaba demasiado centrada en su carrera, como para tomárselo en serio y para mi abuelo Emilio fue una cosa menos de la que ocuparse.
Mi abuela crió a sus hijos, bajo el absoluto régimen de la democracia participativa, colaborativa y comunal. Así, cuando para sorpresa de todos, quedó embarazada a los 52 años, decidió unánimemente, que la selección del nombre de esta quinta criatura recayera sobre sus hijos.
Mi madre, se tomó ese proyecto muy en serio y llegó a la conclusión de que lo mejor era hacer una conjugación de todos sus nombres y que cada uno aportará una o dos letras máximo para la nueva integrante de la familia. Aquello, necesito muchas veladas familiares y del profundo compromiso de mi madre, en convertirse en anagramadora profesional.
El resultado de este proyecto fue: Itayectzi, nombre que contiene todas las iniciales de sus padres y hermanos y por supuesto de Igor, el perro de la familia. Para todos siempre ha sido Ita, ya que ni mi madre, responsable directa de esta creación, ha logrado dominar la pronunciación del mismo.
Como era de esperarse, mi tía Ita, se cambió el nombre en el registro civil, sin embargo, no sabía que tendría que hacerlo letra a letra, debido a la negativa de mi abuela, a financiar semejante afrenta familiar..
Los ahorros de sus primeros dos años de canguro, le permitieron a sus 18 años eliminar la letra “i”, así, durante su primer año de universidad no pudo presentarse, ya que pronunciar la “TZ” del final de su nombre era imposible. Al cumplir los 19, fue feliz, porque al terminar su nombre en “T” le daba cierta entonación de autoridad, que ella acentuaba al pronunciarlo.
Cuando cumplio 20, lo pensó mejor y se guardó el dinero para el año siguiente, porque pasar de ser un poco rusa con Itayet! a ser la Itaye... le minaba la moral. Con 22 años pasó a llamarse Itay, y finalmente a los 23 consiguió llamarse legalmente Ita Cuica Redondo, como la conoce todo el mundo.
Una vez terminada su carrera, y gracias a su organización y tenacidad, mi tía, ha desarrollado una importante carrera académica, que la ha llevado a vivir en diferentes países. Ahora se encuentra en Islandia, realizando una investigación sobre las nuevas corrientes en pedagogía experimental.
En este país, mi tía ha encontrado su trocito de mundo, a la persona con la que compartirlo, y con quien intenta casarse, digo, que lo intenta, porque al parecer, esta gente tan famosa por su innovador sistema educativo, no lo son tanto en sus leyes migratorias, no entienden algo tan bien documentado y explicado, como que, Itayetzi Cuica Redondo ahora se llama Ita Cuica Redondo y que en el intermedio, existieron Itayetz, Itayet, Itaye e Itay.
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