Les voy a contar mi relación con los gestos románticos, para empezar crecí en Venezuela, este detalle es importante, porque las telenovelas son el primer producto cultural de consumo masivo por excelencia, cualquier Venezolano puede decirte, tres títulos de telenovelas así de golpe, sin pensarlo mucho. Creces viendo telenovelas, se emiten diariamente, al menos cuatro: a mediodía, en la merienda y antes de dormir; nuestro prime time no es Buenafuente, ni Wyoming con la actualidad del día, es Esmeralda llorando esperando a su amado Jorge Ricardo.
Imaginense lo que puede salir de esto! para empezar, entiendes que el amor es difícil, que es una carrera de obstáculos, enamorarse es sinónimo de sufrimiento, para llegar al ansiado final feliz, has tenido que sobreponerte a novias paraliticas y ciegas, a amnesias, comas y afines, y posiblemente hasta una desfiguración facial temporal, pero todo ha valido la pena porque finalmente eres feliz con tu Jorge Ricardo.
Ante este panorama te entregas o huyes, yo me decante por lo segundo, huir, escapar de esa catástrofe que significa enamorarse. Así que ideé un plan: en el colegio cada vez que algún niño me trataba de manera especial, dejarme parte de su merienda, reservarme un asiento, llamarme por mi nombre y no por mi mote, yo utilizaba todo mi contra encanto para disuadirlo.
En el instituto este plan fue un poco más difícil, las hormonas son traicioneras, pero para evitar a toda costa cualquier vestigio de enamoramiento, opte siempre por rechazar a aquellos que parecían realmente enamorados, que me caían bien y que no quería perder como amigos. Así que me decante siempre por los que estaban de paso: repitientes recurrentes, recién mudados, etc que no representaban una gran pérdida si la cosa salía mal (que siempre salía mal).
He de confesar que esta actitud no solo es consecuencia de las telenovelas, mi madre también jugó un papel muy importante. Sus expectativas en cuanto a los gestos románticos era muy baja, ella (madre soltera) simplemente esperaba que los hombres se quedaran, en un país con un alto índice de paternidad irresponsable, que un hombre luego de ser padre se quede con su familia, es una cualidad deseada.
Recapitulemos, por un lado tenemos huir del sufrimiento del amor y por otro no esperar grandes gestos románticos, con estas premisas entre en la adultez con relaciones más serias.
Una vez salí con un hombre que me dijo que había visto en mi, a una sardina que se convertiría en ballena, este piropo hizo que me quedara con él cinco años. Luego estuve con otro que me presentaba siempre como su exnovia, otro piropo encantador que le otorgó dos años de mi vida.
Pero como finalmente no puedes escapar de las redes del amor, el piropo definitivo me lo dijo mi actual marido, si! me case y todo!, estábamos en un viaje de carretera por Andalucía y fuimos a la fiesta de un pueblo, bebimos, bailamos, en fin, lo dimos todo, tanto que nos invitaron muy amablemente a abandonar la fiesta, de camino al camping que estaba a 5 kilómetros del pueblo, paramos a un lado de la carretera porque no podía aguantar más, me escondo debajo de un árbol y descargo todo mi ser!, Esteban, muy perjudicado viene hasta mí con un rollo de papel de baño en una mano y una linterna frontal en la otra, me da el papel y como puede amarra la linterna sobre una rama del árbol, alumbrandome directamente desde arriba, como una virgen en su altar, se agacha muy serio y me dice mirándome a los ojos “Conmigo no te va a faltar de na!”.
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