El Comegente
Una largo pasillo con grandes ventanales y abundante luz natural, un fuerte olor a amoniaco que resulta irritante en las fosas nasales, ecos de murmullos y tacones contra el suelo, un aire espeso y húmedo. El recorrido desde que entre al lugar hasta allí, duró exactamente 13'33" minutos.
- Por favor espere aquí. Me dijo amablemente y con una tímida sonrisa la joven que me acompañó, señaló unas sillas inexistentes, sé que habría querido que estuviera más cómoda, por aquí las personas son por naturaleza hospitalarias.
No transcurrieron más de 10 minutos, la joven llegó acompañada de la Doctora encargada del área, quien parecía contenta de verme, no vienen muy seguido visitantes aquí.
Y es que, un centro penitenciario en Venezuela no es ni a kilómetros de distancia un lugar que prepare a criminales para su reinserción social, probablemente sea todo lo contrario. Dorángel Vargas, por su "condición especial", fue trasladado a este centro de rehabilitación psiquiátrico que tampoco cumple con las condiciones de espacio, estructurales o salubres para tratar casos como el de él, o ningún otro, pero es lo que hay.
La joven se quedó allí, su trabajo había terminado, se despidió con la mirada, la doctora me acompañó durante el resto de recorrido.
- Es un hombre tranquilo, no es violento, es muy conversador y risueño, dirija usted con autoridad la reunión, para que no divague mucho, suele ir al pasado a recordar cosas que le sucedieron o que inventó porque siempre cambia el cuento. Está muy consciente, recuerda todos los hechos con claridad, sabe perfectamente porqué está aquí, nunca hace contacto visual, siempre mira hacía otro lado. Dos guardias y un enfermero le acompañarán por si llegase a presentarse algo, pero no se preocupe, no pasará nada, es solo por precaución, no esté nerviosa. Me indicó la doctora.
Sé que lo último me lo dijo porqué habrá sentido mi respiración agitada, yo podía escuchar los acelerados latidos de mi corazón, seguro ella también, aunque trataba de mantenerme tranquila.
El 12 de febrero de 1999 en todos los telediarios nacionales se hizo pública la noticia. El primer asesino en serie de Venezuela, pero lo que producía aún más asombro y terror: el primer antropófago del que se haya tenido registro jamás. La noticia estaba acompañada de un video, -"Lo hice por necesidad", decía el hombre de aspecto desgreñado y sucio, se veía aturdido, abrumado. Sus ojos estaban desorbitados, se le notaba completamente perdido y con miedo. Yo que para entonces era muy joven, me quedé con esa imagen en la cabeza, era difícil creer que esa historia fuera real. Este hombre fue el autor de las pesadillas que tuve durante todo un mes, decía que no comía mujeres ni niños, me resultaba todo tan macabro que me costaba evitar pensar en eso. Pues aquí estaba yo, enfrentando mi miedo, enfrentando al hombre de mis pesadillas.
Entró a la sala acompañado de un enfermero, no tenía esposas, camisa de fuerza ni nada parecido, tomé aire profundamente, luego lo solté, debía mostrar seguridad y firmeza.
- ¿Ésta es la que quiere hablar conmigo? Preguntó Dorángel
- Si, pórtate bien. Le respondió el enfermero mirándome con una sonrisa casi burlona.
- ¿Cómo estás Dorángel?, aunque no era lo que había planeado fue lo primero que me salió. De inmediato tomé una postura más recta, me metí en el papel de chica valiente.
- ¿Cómo voy a estar? Bien pues, estoy bien.
- Ha pasado mucho tiempo, hay gente que te recuerda y quiere saber de ti, que ha pasado contigo. Le respondí.
- Pues yo estoy aquí, dígale a esa gente que estoy bien. Es raro que me llames por mi nombre, nadie me llama así, me gusta más que me llamen Comegente, aunque yo ya no hago eso, ya no me gusta, ahora como las lentejas con arroz que me dan aquí.
En 1995, Dorángel fue acusado de matar y comer a Cruz Baltazar Moreno, un indigente que conocía, y por ese acto fue denunciado por otro mendigo, Antonio López Guerrero. Al cumplir los dos años de internación en el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica de Peribeca fue en busca de su delator para hacerlo correr la misma suerte que su primera víctima que también lo había delatado por robar gallinas. Al confesar ese crimen llegó a decir que le comió el corazón "todavía caliente" y la totalidad de su carne. Habría confesado que le gustaba poner ojos a las sopas y que no ingería niños ni mujeres; tampoco pies ni manos porque lo indigestaban. Estuvo solo dos años en rehabilitación, la medico tratante le dejó salir por no mostrar signos de peligro. Poco después, unos niños que caminaban a las orillas del río Torbes en Mérida, se encontraron unos pies, esos que él no comía, seguro las pesadillas de esos niños fueron peores que las mías.
- Yo sé que quieres que te eche el cuento porque todos quieren que les cuente. Yo esperaba calladito a que pasaran por ahí y con un palo metal les pegaba en la cabeza, de los gorditos me comía primero la panza y de los más fuertes las nalgas, como no tenía nevera en la choza me los comía de uno en uno cada dos o tres días para que la carne no se dañara. Pero eso no tenía nada de malo, yo no hice nada malo, yo solo tenía hambre, y como no podía robar gallinas, comía gente.
- ¿Sabes que hasta escribieron una canción sobre ti? Dije con tono relajado, de hecho me sentía más tranquila, era cierto, tenía un aspecto bonachón, parecía incapaz de hacerle daño a nadie.
- Siiii - respondió con un Si largo y sostenido con algo de orgullo - Yo me la sé pero no la canto, no me gusta cantar.
- ¿Qué piensas sobre lo que hiciste, cómo te hace sentir pensar en esas personas? Le pregunté.
- La verdad es que yo ya no pienso mucho en eso, no recuerdo quienes eran, solo sé que pasaban por ahí, eso si, yo estaba siempre pendiente.
- ¿Te gustaría salir de aquí?
- No, ¿quién te dijo que yo me quería ir de aquí? A mi no me tratan mal, me dan comida y tengo una cama, no es gran cosa. Aquí hablo con personas. Además en la cárcel no querían que yo estuviera ahí, y yo tampoco quería, esos malandros son peligrosos, tenían cuchillos y mataron a uno en protesta para que me sacaran de ahí, porque creían que yo me los iba a comer a ellos. Me sacaron, yo he estado dando tumbos por ahí y por allá, no me quiero ir de aquí. Vivía en una choza hecha por mi, ahí llevaba como podía a los que encontraba por ahí, les daba un golpe seco en la cabeza, a veces no caían tan rápido y tenía que golpearlos más, los despedazaba y hacía comida, lo que no te cuentan es que mucha gente comió también, yo hacía parrilladas y veían todos por el olor a carne y ahí se ponían a comer conmigo, yo no soy tan malo yo compartí el pan como dicen en la iglesia.
¿Alguna vez vino algún familiar a verte?
- Yo no se nada de esa gente, nunca más los vi, a lo mejor se murieron todos.
Dorángel miraba sus manos mientras hablaba, miraba al techo, escapaba de mi mirada, desviaba el rostro de un lado a otro para evitar cruzarse conmigo, sin embargo en un momento me miró, sentí un vacío en mi estómago, recordé el rostro, la mirada de aquel día en el que dijo a una de las cámaras "yo solo quiero comer gente", esa frase que me llenó de miedo, él notó mi miedo, que vino a mi como aquel día, y me dijo:
- No te asustes, estás conmigo.
https://www.youtube.com/watch?v=-pmq9U5NQKI
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