De lejos parece
un pequeño abrigo roto
sobre el fondo gris
de la carretera
un peluche oscuro aplastado
por cientos de coches
apresurados
con conductores ansiosos
con objetivos focalizados
que ni siquiera han parado
dos jodidos minutos
para retirarlo al arcén
por no manchar
sus manos
y con ellas
sus insensibles conciencias
Imagino a esos conductores
pasando por encima
con sus autos amortiguados,
como sus sentimientos,
en sus carrocerías aisladas
como sus impasibles corazones
apretando sus dientes
al sentirlo al principio
toc toc
medio culpables
medio hastiados
durante el breve momento
en el que notan
ese pequeño movimiento
toc toc
hasta reventar sus costillas
y esparcir sus vísceras
allanando con ello
sus remordimientos
al acabar convirtiéndolo
poco a poco,
en un pequeño bache más
ya transitado y sosegado
una alfombra peluda desparramada
esparcida en el olvido
que apenas protesta
toctoc.
Cuando llego hasta ella
no tengo ninguna duda
de que no es
un abrigo
ni un peluche
ni una alfombra peluda
y me acuclillo a su lado
para tocarla
llorando
esperando verla mover el rabo
y buscar mis manos
aunque se haya convertido
en poco más
que un montón de
pelos apelmazados
mientras los coches
me esquivan
y me pitan
y me gritan que si estoy loco
Y la observo en silencio
pensando en cómo voy
a llevarla de nuevo a casa
con nosotros
y cómo explicarlo a los niños
sin que la vean
y ni siquiera lo advierto
ni lo oigo
ni lo siento
ese conductor ansioso
con sus objetivos focalizados
en ese auto amortiguado
aislado en su carrocería
apretando
los dientes
medio hastiado
medio culpable
unos breves segundos
toc toc
hasta que me revientan
las costillas
y esparcen mis vísceras
y me voy convirtiendo
poco a poco
en un pequeño
bache más
sin remordimiento
desparramado
esparcido
que apenas protesta
como un pobre perro…
diseminado
en la carretera
toctoc
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