sábado, 29 de enero de 2022


LOS AMIGOS

Cuando abrió la puerta de la cocina, escuchó el sonido del teléfono. Siempre lo llevaba consigo, sobre todo cuando cocinaba, para poder oírlo en medio del ruido del extractor. Esta vez lo había olvidado. Subió las escaleras, con ansia, para acudir a su dormitorio donde recordó que lo había dejado. Cuando llegó, el teléfono ya estaba en silencio. Comprobó que la llamada era de su hijo y le llamo ella a él. 

- Hola mama, me tenias preocupado, pensé que te ocurría algo, te he llamado dos veces y no me has respondido. 

- Ha debido ser cuando he ido ha dar el paseo que sabes que doy todos los días hasta el final de la playa

- Pero sueles llevarte el teléfono.

- Sí también hoy lo llevaba, pero no lo he oido, puede que tu llamada haya coincidido con el ruido de la maquina que limpia la playa, y como no suelo tener llamadas, no se me ha ocurrido mirar si tenía alguna. Cuando he llegado a casa me he duchado, he bajado a la cocina para desayunar, y me he encerrado para preparar la comida, pero he olvidado el teléfono en mi mesilla de noche. ¿Como estas cariño?, ¿va todo bien? Hoy no es el día en que sueles llamarme.

- Si mama, estoy bien y muy contento. Como ya sabes, me resulta muy interesante el trabajo que estoy haciendo aquí. Te llamo, para, ademas de saber como estás, decirte que mi amigo Oliver ¿te acuerdas de él?. Pasó todo un verano con nosotros hace tres años. Y es el que me consiguió el trabajo, aquí en Oxford. 

- Sí, claro que lo recuerdo, recuerdo, ademas, que congeniamos mucho. 

- Es verdad, os pasabais horas conversando. Pues verás. Él tiene que hacer un trabajo que durara aproximadamente seis meses; ahí en el politécnico. Y he pensado que como tu casa es grande, y siempre te ha gustado tener gente en ella, y tú y mi amigo os entendisteis tan bien, se quede ahí contigo ese tiempo, puesto que esta cerca de donde ha de ir a trabajar, y de la playa que como sabes a él le gusta tanto.

- Si, claro, por mí encantada. 

- Una cosa más, va ir con su mujer. Ella es de Tokio, la conoció hace un año cuando estuvo allí trabajando. Es una mujer muy agradable, pero, no sabe hablar español, tampoco ingles. Hace muy poco que se han venido a vivir aquí. Pero no te preocupes, es muy amable y tratara de hacerse entender. Ella escribe. Por lo que he pensado, que ocupen mi estudio en la segunda planta, les dará más independencia a ellos y a ti también. ¿Te parece bien? . 

- De acuerdo me servirán de compañía, últimamente trato a poca gente. He dejado de lado a muchos. Me he cansado de las personas que hablan y hablan, sin decir nada. ¿Cuando tienen previsto llegar?. 

- Dentro de dos semanas, tienes tiempo de preparar todo. Gracias mama, se que os llevareis muy bien. Y te pido esto, ademas, porque le debo muchos favores a Oliver.

- No te preocupes, ya lo sabes, siempre me ha gustado tener gente en casa, y últimamente tengo menos trato; eso es lo que tiene hacerse mayor. 

- Entonces, ¿de acuerdo? . 

- Sí. Llamame más a menudo. 

- Sí mama. Ya sabes que estoy muy ocupado y el horario es aquí distinto. Tengo que aprovechar los domingos para llamarte; así que hasta la semana que viene, un beso, adiós.

El insistente sonido del teléfono se unió al tenaz timbre de la puerta; como dos instrumentos musicales, desafinados.  Primero se asomó, apartando ligeramente el visillo, por el ventanal de su dormitorio. Abajo, en la verja del jardín delantero que daba a la calle, estaban los dos, la mujer llamaba al timbre, mientras el hombre hablaba por teléfono, este levantó la mirada hacia donde ella estaba. Soltó rápidamente el visillo y se retiró del mirador. El teléfono paró, ella respiró hondo y sintió la densidad del silencio. Pasado unos minutos volvió a sonar, y le pareció un ruido atronador. Se acercó vacilante para ver quien llamaba, y al comprobar que era su hijo respondió. Hola, dijo.

- Mama ¿donde estabas? ¿ porque que no contestabas?

- Estoy en mi habitación. 

- ¿Entonces estas en casa? 

- Si.

- ¿Porqué hablas tan bajito? 

- Porque no quiero que me oigan. 

- ¿Quienes.?

- Ellos. Tus amigos. 

- !Mis amigos¡ están en la puerta llamando. 

- No, no pueden ser ellos, ellos están dentro. 

- No, no puede ser. He hablado con ellos, acaban de llegar y, dicen que están llamando a la puerta y no les abre nadie. 

- No, ellos están dentro. Llegaron ya hace una semana. 

- ¿Quienes llegaron hace una semana?. 

- Tus amigos. 

- No mama, ellos acaban de llegar y están en la puerta. ¿Que haces que no abres?.

- Estoy en mi habitación y no me atrevo a salir. 

- ¿Porqué?. 

- Porque están ellos. 

- ¿Pero quienes son ellos?. 

- Ya te lo he dicho, tus amigos. Hace una semana que llegaron. Pero tú el pasado domingo no llamaste, por eso no lo sabes.

- No puede ser. 

- Te digo que si, y no es verdad que sean amables, no me han hablado en todo este tiempo, lo han revuelto todo, la casa esta patas arriba, me miran mal, y hacen ruido por las noches, y no me dejan dormir. Me he encerrado en mi habitación, están ahí, y no quiero abrir.

Él oye que al otro lado del teléfono alguien golpea una puerta. Y dice. Mama, mama, mama contesta, mama...


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