jueves, 23 de diciembre de 2021

Cuento de Navidad - Edu Rey

 


  • Mamá… Mamá…

  • ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?


Me despierto sobresaltada, estoy en mi cama, noto como alguien me empuja la cabeza mientras me susurra insistentemente, reprimiendo las ganas de gritar. Lanzo la mano izquierda con torpeza sobre la mesilla y consigo encontrar mis gafas. Siento frío en el brazo al sacarlo de la crisálida que inconscientemente he formado con el edredón mientras dormía. Todo está oscuro. Maldita sea, ¿qué hora es?


  • Mamá, mamá… está aquí…

  • ¿Qué pasa cielo? Es muy tarde…

  • Está aquí mamá, le he oído…


La cara de ilusión de mi pequeña Leslie, con esa sonrisa mellada, me hace sonreír. Me incorporo para besar su frente y percibo el olor a colonia de su cabello rubio.


  • ¡Ay, mi brujilla, qué miedosilla eres! Dime, ¿qué es eso que has oído?

  • Papá Noel mamá, le he oído, ¡está en el piso de abajo!


En ese momento me parece oír un ruido y en un acto reflejo tapo la boca de la niña para evitar que grite. Puedo notar su corazón, la sobreexcitación propia de la ilusión por la Navidad, pero no consigo entender qué es eso que dice haber oído en el piso de abajo, Charly está fuera hasta el martes por el puto trabajo. Nada de ruidos. Estamos solas en casa.


Durante un minuto que se me hace un siglo me quedo callada, con la mano en la boca de mi hija, mirándonos a los ojos. Intento transimitirle alegría con la mirada, pero puedo notar cómo mi ritmo cardiaco comienza a agitarse y los pelos de mi brazo se encrespan. En mi caso no es por la ilusión de la Navidad. Chisto a Leslie, que intenta hablar de nuevo, y aprieto mi mano contra su carita. Nada de ruidos. Estamos solas en casa.


Respiro hondo y suelto la boca de mi hija, tratando de convertir la mordaza en una delicada caricia y la tensión de mi mandíbula en una sonrisa cariñosa.


  • ¿Ves cariño? Todo ha sido un sueño… - le digo susurrando.

  • Nooo, le he visto… - me responde susurrando mientras asiente con los ojos muy abiertos.

  • ¿Has visto a quién, hija?

  • A él, a Papá Noel…


Suena un fuerte golpe seguido de una orquesta de percusión metalúrgica mal afinada. Sé perfectamente que se trata del sonido que haría al caer el aparador con la cubertería de plata que hay junto a la mesa del comedor. Por un momento me quedo privada, siento el aire helado en mi piel y me parece ver una nube de vaho al exhalar junto al ridículo hilo de voz que consigo entonar.


  • ¡Shhhh! ¡Calla, calla! - grito a Leslie, susurrando.


La niña mantiene su amplia sonrisa de celesta. Yo intento fingir una sonrisa mientras intento no tiritar. Estoy aterrorizada. Hay alguien en mi casa y estoy sola con mi hija.


  • ¿Qué hacemos mami? ¿Bajamos a darle galletas y leche?

  • ¡Shhh! ¡Calla hija, calla! No nos puede oír… ¡Shhhh!


Intento parecer tranquila a ojos de mi pequeña pero mi cerebro recorre todas los posibles planes de huída que tenemos a mano en caso de que el intruso decida subir a ver quién hay en casa… La abrazo contra mi pecho en parte para evitar que siga hablando y en parte para que el aroma dulce de su pelo me aporte una pizca de sosiego.


Los sonidos de metales chocando y rebotando cesan. Me quedo mirando al pomo de la puerta con sensación de angustia mientras estrujo cada vez más fuerte la cara de Leslie contra mi pecho.


  • Mamá, me haces daño, no puedo respirar bien… 

  • ¡Shhh! ¡Shhhh!


El pulso casi se me detiene al escuchar el sonido de los pasos en la escalera. Aprieto a Leslie contra mi pecho. Ella también los oye y mira a la puerta con entusiasmo. Yo miro a la ventana, tratando de calcular los daños que sufriría si amortiguo la caída del cuerpo de la niña con mi cuerpo. Deben ser 5 o 6 metros, quizá 7… No me gusta lo que visualizo, mala idea. Ahora miro al armario, podríamos escondernos ahí pero no tenemos mucho tiempo y si el intruso nos encuentra no tendríamos escapatoria. Joder, no cabemos, hace cuatro meses Charly instaló esa puta caja fuerte. ¡Joder sí, la caja fuerte, la pistola! ¡La pistola de Charly! Tiene que estar en la caja, le pedí que la guardase dónde Leslie no pudiera encontrarla jamás…


  • Cariño, vamos a jugar a un juego, ¿vale? - le digo a Leslie con el índice en los labios, indicándole que no responda.


La niña agita la cabeza en señal de afirmación. No es consciente del peligro y eso, en parte, me alegra. Con cuidado de no hacer ruido, bloqueo la puerta con una de las sillas de madera con respaldo alto que tenemos junto al vestidor. Ahora me alegro de que Charly no me hiciera caso cuando le rogué que las tirara a la basura porque me resultaban espantosas.


Ahora puedo oír como alguien abre la puerta del baño. Hay que engrasar las bisagras de esa puerta que chirrían. ¡Céntrate coño! El armario, ¡la caja! Vale, está cerrada… tiene una combinación de 3 dígitos… ¡Tiene una puta combinación! Es una caja fuerte, ¿qué esperabas? No puede ser tan difícil, llevo más de quince años con Charly, desde que íbamos al instituto, me sé hasta el color de su mierda, vamos… 8-3-1, nos prometimos el ocho de marzo del año dos mil uno… Nada, una puta mierda para mí… romántico por los cojones… 6-5-4, el nacimiento de Leslie… ¡Agua! El puto padre del año Charly, ¡joder!


  • Mami…

  • ¡Shhhhh!


Los pasos se alejan y puedo escuchar cómo alguien abre la puerta de la habitación de Leslie, me alegro de que mi pequeña se haya levantado, juntas podemos tener una oportunidad al menos y en el peor de lo casos… en el peor de los casos nos iremos juntas… Un escalofrío me congela el alma al pensar eso, sigo luchando contra la cerradura de la caja fuerte sin éxito.


  • Mami…

  • ¡Calla hija!


El ruido de pasos comienza a acercarse mientras el intruso se desliza por el pasillo. El ritmo se acelera. 1-1-1, 1-1-2, 1-1-3… ¿qué haces, joder, qué haces? Empiezo a perder la fe, esa silla fea no aguantará mucho, me temo… empiezo a sentirme agobiada, las lágrimas quieren inundar mis ojos y el cristal de las gafas amenaza con empañarse, pero respiro fuerte y me contengo. Mi hija hace un rato que se ha dado cuenta de que esto no es un juego o estará pensando que es la mayor mierda de juego que le he propuesto nunca.


  • 6-2-5 mami…

  • ¿6-2-5…? ¡Funciona! ¿Qué coño es 6-2-5, Charly? - echarle la culpa a él también me tranquiliza, sinceramente.

  • El 6 de febrero de 2005… 

  • ¿El 6 de febrero…?

  • Ganaron los Patriots…

  • ¿La puta Superbowl? ¡Puto friqui! Mira que le dije que dejara esto fuera del alcance de la niña…


Descargo la tensión en un grito mudo mientras alzo la pistola y compruebo que está cargada… ¿Really, Charly? ¿Una pistola cargada en la caja y nuestra niña de seis años conoce la combinación? Si salgo de esta te mato, cabronazo insensato.


De repente el pomo de la puerta hace un ruido metálico y comienza a girar lentamente. Leslie sigue en el centro de la habitación, dónde la había dejado, ahora tiene un gesto de miedo. Sabe perfectamente que mamá odia las armas y no debe ser muy tranquilizador verme portando una en plan la teniente O’neill. Yo soy más tipo Julia Andrews en La casa de la Pradera que de Demi Moore en plan Rambo, normalmente…


La persona al otro lado de la puerta ya ha descubierto que se encuentra bloqueada. Me parece irónico que esa puta silla fea pueda salvarme la vida cuando he pedido a Charles cien veces que la prenda fuego. Un golpe brusco hace que la puerta se entreabra ligeramente. Suena un murmullo ininteligible seguido de un tintineo de cascabeles.  Me pongo delante de la niña y cojo la pistola con las dos manos apuntando hacia la entrada. Un segundo golpe, más fuerte, hace que la silla se tambalee. No va a aguantar mucho.


  • ¡Déjelo, por favor! ¡Sólo estamos una mujer y una niña indefensas, por favor, salga de nuestra propiedad!


Según lo grito me siento imbécil por haber sido demasiado honesta con el extraño. ¿Qué debería haberle dicho? ¿Que está el jodido Equipo A aquí dentro? ¿El séptimo de caballería? ¿O los caballeros del Zodiaco? Intento tranquilizarme. Tengo que aprender a hablarme mejor a mí misma, me meto mucha caña. Si salimos de esta me hablaré mejor, joder, qué imbécil me siento… puta rarita, pienso mientras me coloco las gafas y sorbo la nariz.


Los golpes de la puerta van in crescendo y a cada nuevo golpe más claramente puedo divisar el terciopelo de color rojo que cubre el hombro y la cabeza del intruso que pretende tirarla. Y a cada golpe le sigue un tintineo de cascabeles. No es Papá Noel… No es Papá Noel… me descubro musitando mientras mi índice se desliza por el gatillo frío del arma de Charly…


  • ¿Mami? - dice Leslie casi llorando, ahora mi pequeña sí está aterrada, la escena no es para menos.

  • No es Papá Noel cariño, no es Papá Noel…


A partir de aquí todo sucede a cámara lenta: El crujir de las maderas del piso, tres pasos lentos, una carrerilla y un fuerte golpe, las astillas en que se ha convertido la silla fea vuelan por los aires en todas las direcciones across the Universe. Una pausa de hielo, trago saliva,  veo todo en blanco y negro. Inhalo y aprieto. Un estallido al que precede una descarga a la que precede una puntería inesperada a la que precede un grito apagado por el pitar de mis tímpanos maltratados por la detonación. Papá Noel cayendo de espaldas, a cámara lenta, en blanco y negro y el sonido de su cabeza golpeando contra el suelo que me recuerda al sonido de una sandía que alguien, el hijo rarito de los vecinos de mis padres hará unos 35 años, dejó caer desde la ventana de su habitación y se partió contra el asfalto. Qué niño más tonto y más raro era el hijo del vecino de la casa dónde vivían mis padres hace unos 35 años. De vuelta a la realidad vomito súbitamente y acto seguido lanzo un abrazo que pretende ser consolador en dos direcciones. Luego aparece el llanto.


  • Tranquila hija, todo ha acabado, todo ha salido bien…

  • Sí mamá, pero… Papá Noél… 

  • ¡Shhhh! Tranquila, todo saldrá bien… tranquila… 

  • ¿Qué pasa ahora con los regalos? - Me dice mientras lloriquea y sorbe la nariz.


A la espalda de mi hija puedo ver el cuerpo inmóvil, todavía caliente, de un yonki vestido de Papá Noel que eligió una mala noche para entrar a robarnos. Me quedo mirando la puta pistola de Charly en mi mano con aire reflexivo, mientras pienso en la mierda de sociedad que estamos creando.


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